| Cada guaraguao tiene su pitirre. (Adagio Puertorriqueño) Una cruz negra en el fondo del cielo sus brazos extiende y en círculos lentos desciende. Estrechan al monte, de cumbre a cimientos, las raíces torcidas de una ceiba fecunda y pomposa, que esparce a los vientos ingrávidos copos volátiles de algodón de rosa. Entre dos de sus ramas floridas salta un pitirre custodio del nido que posa. La cruz se alargaba sobre los brazos batientes y, encesa de lumbres de oro la pupila brava, el guaraguao inquiría en las sombras del monte su presa... Súbito un grito el aire atraviesa... Lleva erigida el pitirre la punta sutil de un florete y ¡pitirre! resuena su grito, cada vez que el audaz pajarito como una rígida flecha al cuello del monstruo acomete. Denso, enorme, mudo, girar no puede en su torno el feroz carnicero; de su turbión de aletazos al ímpetu rudo escápase en vívidas fugas el raudo guerrero, hasta que le hunde en los ojos dos veces el pico de acero y dos veces ¡pitirre! proclama triunfante su clarín agudo. El vencedor fatigado en el nido reposa, la ceiba florida esparce a los vientos sus copos de algodón de rosa y, al pasar a través de una nube encendida, resalta un instante y se pierde en el cielo una cruz dolorosa... ¡Cívico pitirre, enseñanza gloriosa que funde en un solo ideal el amor y el honor de la vida! |
| PITIRRE |
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