| Hay un sitio en las costas de Aguadilla al pie de una montaña de granito y a poco trecho del lugar bendito en que duermen los muertos de la Villa un sitio entre las rocas, do se humilla la onda que bate al duro monolito, y es perenne el rumor y eterno el grito que se oye en toda la escarpada orilla. Cuando, al sordo fragor del oleaje, allí las tempestades se quebrantan, vibra más fuerte el cántico salvaje: el himno de las piedras, que levanta las que su nombre dieron al paraje... ¡porque en mi pueblo, hasta las piedras cantan! |
| EL CANTO DE LAS PIEDRAS |
|